Escrito por: | 29/11/2018|

Para quienes reflexionamos sobre la enseñanza es una excelente ocasión de practicar nuestra curiosidad intelectual  hallarnos ante un borrador de Ley Orgánica; si, además, somos docentes, a la curiosidad intelectual se añade la inquietud personal por conocer las novedades que viviremos en nuestras carnes.

Sin embargo, en esta ocasión sólo hay curiosidad. Los vaivenes del gobierno actual son tan continuos y su debilidad parlamentaria tan palmaria, que el Anteproyecto de Ley Orgánica por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de educación es un documento que hay que analizarlo como analiza un entomólogo el modo en que se alimenta de estiércol un escarabajo pelotero: con curiosidad científica, pero con indiferencia personal. No hay riesgo que en esta legislatura prospere nada de lo que ahí se propone.

No obstante, es preciso tener un juicio sobre el documento del gobierno, porque en él se refleja lo que algunos proyectan  a propósito de la educación impartida en nuestros centros docentes.

Y lo que se propone se resume en una palabra: “contrarreforma”. Es un documento cuya única finalidad es derogar la LOMCE. La mayoría de sus propuestas no son novedades, sino un retroceso a planteamientos previos a la Ley  Orgánica del 2103, algunos de ellos expresados de un modo sumamente radical. Un posible catálogo de tales propuestas regresivas son las siguientes:

Restricciones en la libertad de elección de las familias del modelo educativo que quieren para sus hijos y omisión del papel primariamente educador de la institución familiar.

  1. Se suprime el artículo 1 h bis) que dice que “el reconocimiento del papel que corresponde a los padres, madres y tutores legales, como primeros responsables de la educación de sus hijos”.
  2. La Ley Orgánica apuesta por el modelo de la coeducación y deja claro que influirá en la decisión de concertar centros privados. Una elección que corresponde a las familias, es tomada por el Estado con la intención de dar prioridad a un cierto modelo educativo sobre otros, exclusivamente por razones ideológicas. Por ejemplo se añade en el artículo 1, l una referencia explícita a la coeducación para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres y luchar contra la violencia de género. Se suprimen también todos los textos de la LOMCE referentes a la educación diferenciada como posible modelo educativo (artículo 84.3). En la nueva redacción de la disposición adicional vigésimo quinta se aclara la prioridad del modelo coeducativo para concertar centros, además de proyectar sospechosas de desigualdad sobre los centros díscolos.

Rechazo a la Religión confesional, acogida a la ideología de género.

El gobierno se ha cuidado en no ser explícito sobre la enseñanza de la Religión confesional (entiéndase: catolicismo). Pero el documento previo al Anteproyecto avanzaba las mismas ideas que llevamos escuchando desde hace años: irrelevancia de sus calificaciones, situarla la asignatura al comienzo o al final de la mañana para que no haya necesidad de materia alternativa, etc. Quizá la reacción de ciertas asociaciones le ha impedido ser explícito. Pero sus planes al respecto son bien conocidos.

No obstante, no hay timideces con la ideología de género. En el artículo 22 se añade lo siguiente: “En la educación secundaria obligatoria se prestará especial atención a la orientación educativa y profesional del alumno. Esta orientación adoptará una perspectiva de género”.

Control sobre el colegio concertado. Que se olvide del concierto un centro privado que no promueva la coeducación. Puesto que ha desaparecido el concepto de “demanda social” (artículo 109.2) y se afirma expresamente (añadido en artículo 109.3) que las Administraciones educativas “planificarán la oferta educativa de modo que garantice la existencia de plazas públicas suficientes, especialmente en las zonas de nueva población”, lo cierto es que lo que se pretende es restringir  la enseñanza no estatal. Para los que pasen la criba, un representante del ayuntamiento estará presente en su consejo escolar, gracias a la modificación del artículo 56.1, de la LODE.

Hay muchos otros aspectos pedagógicos  y organizativos de interés. Pero en todos ellos hay un deseo de revisionismo militante. A veces, incluso un tanto chusco como el de recuperar la expresión superada de “competencia básica” y olvidar la actual “competencia clave” o proponer en el artículo 37 la titulación en Bachillerato con una materia suspensa, ejemplo de desprecio a la cultura del esfuerzo que quiso introducir la LOMCE.

Nuestro escarabajo pelotero no da más de sí. Pero seguiremos sus evoluciones, por si acaso.