Escrito por: | 05/09/2018|

Se ha convertido en un tópico la importancia de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación para alcanzar una educación “de calidad”. Las Administraciones educativas han invertido en recursos humanos y económicos con la intención de dotar a los centros educativos de ordenadores portátiles a alumnos y docentes, pizarras digitales, red wifi, aulas específicas de informática, uso de libros y materiales digitales, plataformas on line que transmiten información inmediata a las familias, alumnos y a los propios profesores, además de la digitalización en la gestión interna de colegios e institutos.

Ciertamente, no se concibe una enseñanza sin las nuevas tecnologías. La justificación principal es que, en una sociedad de la información y del conocimiento como la nuestra, los jóvenes –o los adultos sin preparación digital- necesitan del uso de las nuevas tecnologías para incorporarse al mercado de trabajo y adaptarse socialmente a los retos de un mundo tecnológico.

Sin embargo, la introducción de las nuevas tecnologías en la enseñanza supone un cambio radical no sólo en el ámbito metodológico, sino en la naturaleza misma del aprendizaje y del conocimiento. Inger Enkvist  (video: minuto 10.35) ha alertado de un indiscriminado uso de las TIC´S en nuestros centros de enseñanza: la necesidad de tiempo, esfuerzo y constancia obligadas para lograr un conocimiento profundo de cualquier asunto se compadece mal con la inmediatez y rapidez que buscamos en las nuevas tecnologías.

Si hacemos caso al filósofo Zygmunt Bauman, la sociedad de la información y del conocimiento es una sociedad líquida. Todo en ella son “procesos”, rápidos y efímeros, siempre instalados en una provisionalidad aceptada como evidencia biográfica, a la que el individuo debe acomodarse para poder “adaptarse” a su entorno. Nada se salva: la economía, la política, la moral, la religión… y la educación. La “solidez”  de la búsqueda de fundamentos –si se quiere, de sentido- es ya interpretada como un anacronismo rancio de personas que no están “a la altura de las nuevas necesidades”. En una sociedad líquida (¿gaseosa, más bien?) la diferencia entre información y conocimiento es confusa;  los ciudadanos, sin el hábito de la distancia y el tiempo necesario para la interpretación del dato informativo, engullen acríticamente la interpretación más fácil de aceptar y comprender. Las nuevas tecnologías favorecen esa confusión en un contexto como el actual en el que el individuo es también una realidad líquida.

Todo proceso educativo debería ayudar a los alumnos al uso de conceptos y de hábitos de interpretación de la realidad; debe hacerlo partiendo de la riqueza de la tradición y con instrumentos actuales, entre ellos las TIC´S. Las nuevas tecnologías son medios excelentes, pero su uso debería estar supeditado a la madurez intelectual y emocional del alumno en orden a una cada vez mayor interpretación de la información obtenida. Pretender que las TIC´S sean el instrumento principal del cambio educativo  es otro de los  errores que cometen no pocos  políticos y teóricos de la educación.