Escrito por: | 27/07/2018|

Con ocasión de las oposiciones de profesores de secundaria en varias Comunidades Autónomas, hemos leído en diversos medios de comunicación las protestas de los sindicatos y el estupor y decepción de muchos opositores a causa del nivel de exigencia de los tribunales. Según parece  muchos de los candidatos no han  sido capaces de superar la primera prueba, que consistía en realizar un tema de entre cinco seleccionados al azar y  un ejercicio práctico. Muchos de esos opositores, además, son interinos que llevan ejerciendo la docencia varios años.

No voy a entrar en los detalles menudos ni en la sospechosa queja de los sindicatos después de que no lograran en la negociación con el Ministerio de Educación que los ejercicios de la oposición no fueran eliminatorios. Creo que es interesante reflexionar sobre la queja propiamente dicha y la sincera decepción de quienes no han logrado plaza. 

A mi modo de ver la cuestión de fondo es preguntarse si las oposiciones tal como son entendidas es el medio adecuado para seleccionar a los docentes. En mi libro S.O.S Educación. Raíces y soluciones a la crisis educativa apuntaba como uno de los elementos clave de la calidad del sistema educativo una adecuada selección del profesorado y me permitía dudar de la pertinencia de las oposiciones actuales (cabe incluir aquí, por supuesto, las de todos los cuerpos docentes, incluida la Inspección educativa). Las quejas de sindicatos y opositores se dirigen a dulcificar el rigor de la exigencia científica y permitir el mayor número de aprobados posibles. Pero lo que nadie plantea es que el modelo mismo ya no vale y que debe ser sustituido por otro. Este debería ser uno de los asuntos a tratar en la Conferencia Sectorial de Educación, de obligado consenso, y no las prioridades ideológicas del actual gobierno socialista.

Son varias las razones por las que no sirve  el actual modelo de Oposiciones docentes, definido por el Real Decreto 276/2007 y modificado recientemente por Real Decreto 84/2018. Deseo centrarme en una de tipo epistemológico. En mi opinión el modelo de conocimiento de las oposiciones actuales no se corresponde con el que el  tipo de conocimiento asumido por la mayoría de los candidatos a docentes. Recordemos que muchos de éstos han sido alumnos bajo la llamada  por  el filósofo Jean-Claude Michéa «escuela de la ignorancia» (es decir: modelo constructivista tipo LOGSE) y que, en la Universidad, han estudiado según el Plan de Bolonia.

En efecto, sin ser exhaustivo, se puede afirmar que las oposiciones actuales mantienen un tipo de conocimiento preferentemente teórico, memorístico, basado en la palabra y el libro, con un fuerte componente histórico para acceder a los problemas del presente. Es un tipo de conocimiento que entiende el estudio como un ejercicio individual, con altas dosis de esfuerzo y renuncia, en el cual la gratificación suele estar diferida en el tiempo. Sigue reconociendo la fundamental herencia grecolatina y judeocristiana: de ahí la importancia que le da a las humanidades («Nada humano me es ajeno», de Terencio) con una finalidad moral: la búsqueda del bien y la verdad.

Pero el modelo de conocimiento de la reforma educativa es otro. Predominantemente práctico, basado en lo audivisual y en un lenguaje escrito rudimentario, enfocado en el uso de las TIC´S y centrado en las innovaciones tecnológicas y científicas. El aprendizaje debería ser lo más lúdico  posible; la finalidad última suele ser el bienestar personal, reducción nihilista de lo que en otros tiempos fue la felicidad. Este es el modelo cognitivode no pocos de nuestros opositores.

Por supuesto, la descripción anterior es deliberadamente simple. Pero nos sirve para llegar a dos conclusiones que me parecen correctas. La primera de ellas es que las oposiciones actuales son contradictorias con el modelo de conocimiento implantado desde los años noventa en nuestras aulas y, por tanto, no pueden servir para seleccionar el tipo de docente que se desea. Las oposiciones actuales no se corresponden con el trabajo real del enseñante en las aulas.La segunda es que es extraordinariamente difícil para un opositor aleccionado en la «escuela de la ignorancia» poder aprobar unas oposiciones como las aún vigentes: su modelo cognitivo es muy diferente. 

Uno de los muchos problemas que suscita el modelo constructivista actual es precisamente este: ¿qué condiciones debe requerir el tipo de docente para una escuela que produce ignorancia, desde el punto de vista del modelo clásico o tradicional de conocimiento? Esta cuestión, como tantas otras, no están resueltas no por falta de voluntad, posiblemente, sino por la inoperancia del modelo de conocimiento y de escuela dominantes.