Escrito por: | 16/04/2018|

En el curso de su viaje apostólico a Perú en enero de este año, el Papa Francisco tuvo un encuentro con los pueblos de la Amazonía, en Puerto Maldonado. En su discurso (Minuto 57:00-57:55), el Santo Padre felicitó expresamente «las iniciativas que desde la Iglesia Amazónica peruana se llevan a cabo para la promoción de los pueblos originarios», e hizo directamente referencia a «novedosos e importantes espacios universitarios interculturales como el NOPOKI, dirigidos expresamente a la formación de los jóvenes de las diversas etnias de nuestra Amazonia». ¿Nopoki? ¿Qué es Nopoki? Por mi parte, he de confesar que no conocía su existencia hasta que tuve ocasión de ver un precioso documental realizado por la cineasta española Inmaculada Hoces, que constituye una suerte de «carta de presentación» de esa impresionante realidad.

Nopoki es una Universidad intercultural bilingüe para indígenas, situada en medio de la Selva Amazónica del Perú, y que lleva ya unos cuantos años en funcionamiento. Si no fuera porque sabemos que ya han salido varias promociones de egresados, creo sinceramente que más de uno pensaríamos que la Universidad Nopoki es una fantasía irrealizable. Porque Nopoki es exactamente eso: una universidad en plena Amazonía. Ocupa un espacio de 205 hectáreas, gran parte de las cuales está destinada a diversos cultivos, frutas, cereales, hortalizas… Sus instalaciones son precarias, hasta el punto que los «comedores», la capilla, los dormitorios… recuerdan más una misión sin apenas recursos que un campus universitario. Se empezó muy modestamente, pero poco a poco, curso a curso, ha ido creciendo y actualmente, trece años después de sus inicios, ofrece ya tres carreras profesionales: «Educación Bilingüe Intercultural», «Administración» e «Ingeniería Agraria con enfoque forestal».  Cuenta con un elevado número de alumnos, la mayoría de los cuales viven allí mismo, en los edificios del campus. Ninguno de ellos paga absolutamente nada, ni de matrícula ni de residencia; lo único que se les exige es «voluntad de trabajo y de crecer». Ocupándose de los cultivos y de los animales del corral -ocupación que, además, les sirve de aprendizaje práctico- es cómo contribuyen a su manutención.

El impulsor del proyecto fue Monseñor Gerardo Zerdín, misionero franciscano de nacionalidad croata y obispo del vicariato de San Ramón en la selva central peruana. Aunque él afirma que quienes lo gestaron fueron los mismos indígenas y que él lo único que hizo fue asumir «el sueño de los indígenas de promocionar la educación» e intentar darle respuesta. Para ello se dirigió al Gran Canciller de la Universidad Católica Sedes Sapientiae de Perú, Mons. Lino Panizza Richero, quien de inmediato acogió la idea y se aprestó a colaborar. Con un esfuerzo ímprobo, pero con un entusiasmo todavía más intenso, un pequeño grupo de personas de buena voluntad, liderado por Monseñor Zerdín, puso en marcha el «programa Nopoki, Centro de Investigación Profesionalización y Extensión Universitaria para la Inclusión Social de la Universidad Católica Sedes Sapientiae en Atalaya», que vio la luz en el año 2005. Su primer y principal objetivo fue mejorar la calidad educativa intercultural de las comunidades indígenas y el desarrollo de esos pueblos mediante la formación de maestros bilingües de las distintas etnias, como ashaninkas, jines y shipibos.

En el documental de Hoces, los mismos artífices del «milagro» nos explican que la educación era una urgencia para los indígenas y que «instruirles era darles vida», abrirles todo un mundo de posibilidades para desarrollarse y hasta para saber «defenderse de engaños y atropellos», y así, más tarde, regresar a sus comunidades para poder contribuir a su fortalecimiento, ayudarlas a crecer y a salir de la pobreza. Es verdad que en Nopoki hay una dificultad añadida y es que la mayoría de los alumnos llegan con un déficit de formación extraordinario, «hay que empezar desde abajo. Pero para eso están los profesores», declara uno de ellos. (¡Maravillosa lección de compromiso!). En Nopoki hay efectivamente un acompañamiento personalizado de cada alumno durante los cinco años que están en la Universidad, no sólo para formarlos en las distintas ramas del saber, sino sobre todo para cuidar de su desarrollo personal, para orientarlos y apoyarlos de modo que sean capaces de decidir por ellos mismos el rumbo de su futuro sin que nadie los manipule. Nopoki es una reconfortante y eficaz apuesta por la educación para la libertad.

El documental concluye mostrando el sano orgullo de los resultados obtenidos hasta el momento y con una mirada esperanzada hacia el futuro. El proyecto comenzó a través de un diálogo intercultural desde la universidad hacia la sociedad en general y hoy se puede decir que Nopoki es el triunfo del compromiso por la educación y la libertad. Sin esa formación, reconocen ellos mismos, «en unos años, iban a desaparecer las comunidades». El alma y el motor del proyecto son las relaciones humanas valiosas, la generosidad, el respeto y el amor al hombre, siempre con la mirada hacia lo alto.  Realmente, tal como dicen, «Nopoki es la solución a los problemas de la Amazonía».

Es una delicia de película, que rezuma fe en el hombre, esponja el alma, y da mucho que pensar. Educadores -en el más amplio sentido de la palabra- y estudiantes deberíamos contemplarnos en el espejo de esa gente que se ha involucrado en tan importante proyecto formativo en pleno corazón de la selva. En su ejemplo vivo entendemos que la transmisión de cultura no puede separarse de la formación humana y ésta no es posible si no se da un encuentro personal entre el maestro y el alumno y si no hay una apuesta decidida por el esfuerzo y el compromiso.