Escrito por: | 12/03/2018|

Algunas actuaciones o sugerencias sobre los adolescentes, en especial en lo que hace referencia a su situación o a su condición en el mundo adolecen de un gran desconocimiento de lo que significa esta etapa de la vida. Recojo de la “Guía práctica de la salud y psicología del adolescente. Paulino Castells y Tomás Silber. Planeta, 1998” la siguiente consideracion: ““La situación del adolescente es comparable al viajero que tiene que nadar entre dos sitios  (infancia y edad adulta), con muy escasos  conocimientos de natación (falta de recursos y de experiencia), con una travesía llena de escollos y peligros (influencia negativa del ambiente) y sin saber exactamente dónde está y qué le espera al otro lado (desorientación). Y, sin embargo, llega, con más o menos dificultades a su destino. ¡Éste es el gran triunfo del adolescente!”

Muchas veces solo es cuestión de tiempo. Y esto también ocurre con la identidad sexual. Lejos de normalizar lo que, con frecuencia, es propio de la adolescencia –la inseguridad-, algunos colectivos pretender darle rango de afirmación y afirmación inamovible. Las consecuencias podrían ser previsibles, pero sin embargo, es fácil silenciarlas. El calificar a un adolescente como “transgénero” (es decir con una identidad de género contraria a su identidad sexual al nacimiento) o, incluso, “no conformes con su género” (cuando no existe una clara identificación con uno de los sexos biológicos) podría sonar a frivolidad cuando se le quiere dar carta de naturaleza. Por eso sorprende que en un artículo reciente publicado en la revista Pediatrics[i], órgano de expresión de la Academia Americana de Pediatría, se presenten los resultados de salud de una población de adolescentes norteamericana (2016 Minnesota Student Survey) en función de si se trataba de adolescentes en los que su género concordaba con el sexo al nacimiento (eufemísticamente llamados en el artículo individuos “cisgender”) frente a aquellos en los que difería (“transgender” o “gender nonconforming”).

La población estudiada consistió en 80.929 estudiantes e de 14 a 17 años ( ninth to eleventh grade), de los que el 2,7% se referían como disconformes con su sexo biológico (TGNC) . Los resultados del estudios muestran que la población TGNC tenía peores resultados de salud, menos visitas preventivas de seguimiento en su Centro de Salud y una mayor frecuentación de consultas no programadas con la enfermera. En esa misma muestra, algo más de la mitad (59,3%) refirieron problemas de salud mental de larga evolución, frente a un 17,4% en el resto de la población.

Sorprende la publicación, pues de  forma manifiesta la propia Academia Americana de Pediatría en diversos documentos recientes se ha posicionado a favor de las medidas encaminadas a favorecer la reasignación de sexo en adolescentes o hechos similares. Claro que la interpretación de los hechos siempre puede dar mucho juego. Mientras que para los autores no es más que “una señal de las presiones sociales que se ejercen para conformar el género al sexo biológico”, para otro gran grupo de profesionales, no es sino muestra de haber olvidado lo que significa la adolescencia” A lo mejor lo que es necesario, como bien señalaban Castells y Silber en el libro citado, es dejar que nade y que llegue a su destino, antes de colgarle una medalla, darle un premio o recomendarle que nade de otra forma”

Dr. José Manuel Moreno Villares

Director del Departamento de Pediatría. Clínica Universidad de Navarra. Madrid

[i] Rider NG et al. Health and care utilization of trangender and gender nonconforming youth: a population-based study”. Pediatrics 2018; 141 (3): e20171683.