Escrito por: | 28/01/2018|

Pasados los primeros días del año se ha podido hacer balance de las temperaturas global del planeta en el último año. Los datos acaban de ser presentados por el centro de cambio global de la NASA, uno de los más activos en el seguimiento de las tendencias climáticas del planeta. La conclusión es que la tendencia al calentamiento sigue muy clara: el año 2017 ha sido el segundo más caliente del registro instrumental (desde 1880), sólo batido por el año 2016 en donde se produjo una anomalía climática periódica conocida como el Niño que suele alterar por su propia dinámica las temperaturas globales. Descontando ese efecto, el año 2017 hubiera sido el más caliente de la historia reciente, lo que supone mantener la tendencia a la que apuntan la mayor parte de los modelos climáticos. Los cinco años más calientes desde 1880 han ocurrido desde 2010. En este vídeo se incluye una secuencia animada de la variación de temperaturas del planeta desde 1880:

No se trata de que un verano o un invierno sean más calurosos o fríos, puesto que el clima solo cambia en series largas de datos, sino en que la tendencia al calentamiento es persistente en los últimos cuarenta años, agudizándose en los últimos diez, también como consecuencia de la tendencia al alza en los ciclos solares, como puede observarse en la figura. Como puede verse ahí, la tendencia de la radiación solar es ciclica en periodos de 12 años (manchas solares), pero esto no explica el aumento constante de la temperatura global que desde hace 40 años (aunque lo va a reforzar en los próximos 2-3 años).

Para los que todavía tienen algunas dudas sobre el origen humano de esta tendencia al calentamiento del planeta, les recomiendo consultar este vídeo, extraído de una página de Bloomberg, con datos de 61 modelos climáticos, donde se grafica la variación de la temperatura en los últimos 130 años. Son modelos ciertamente, pero encajan bien en las observaciones y es la mejor ciencia que tenemos ahora disponible. Mirar a otro lado, o seguir escondiendo la cabeza en un hoyo a la espera de que se resuelva solo, no parece una postura muy inteligente.