Escrito por: | 08/12/2017|

Es de sentido común pensar que disfrutar del contacto con la naturaleza, incluidos los espacios verdes, es importante para alcanzar un desarrollo neurológico normal. Lo difícil es demostrarlo científicamente.

Este es el objetivo que pretenden los autores del trabajo Lifelong residential exposure to Green space and attention: a population-based prospective study  publicado recientemente en la revista Environmental Health Perspectives.

El estudio se basa en el seguimiento de dos cohortes de niños de Sabadell y Valencia valorados desde su nacimiento hasta los 7 años. El fundamento: un medio ambiente natural proporciona a los niños oportunidades únicas de compromiso, descubrimiento, medida del riesgo, creatividad, control y fortalecimiento del autodominio, además de inspirar emociones básicas (como la capacidad de asombro), factores que influyen de una forma positiva en el desarrollo cognitivo y en la atención. Además, actuaría también de una forma indirecta, favoreciendo la actividad física, disminuyendo la exposición a la polución ambiental y a los ruidos, y contribuyendo al contacto con un ambiente rico en microbios.

Algunos estudios previos habían demostrado que la exposición de niños de educación infantil a un ambiente con naturaleza (surrounding greenness), se asociaba a un mayor progreso en memoria y atención. En el trabajo comentado, la exposición a la naturaleza se evaluó mediante dos índices de verdor basados en imágenes de satélite (teledetección), conocidos cono índice Normalizado de Vegetación Diferente (NDVI, en inglés Normalized Difference Vegetation Index) y el Indicador de cubierta vegetal VCF (en inglés, Vegetation Continuous Fields). Ambas medidas se realizaron  en las distancias de 100 m, 300 m y 500 metros de la vivienda habitual, en distintos periodos hasta los 7 años. La valoración de la atención se  realizó mediantes pruebas específicas automatizadas (Conners’ Kiddies Continuous Performance Test y Attentional Network Task). Estas herramientas permiten evaluar los errores de omisión o de acción y la velocidad de respuesta.

Pudo realizarse la evaluación en  1.199 niños a los 4-5 años y 1.044 a los 7 años. Los resultados mostraron que los niños con más exposición a un ambiente verde cometían menos errores de omisión. Estos resultados se mantenían cuando se tenían en cuenta variables como el número de hermanos y el orden en la fratría, haber sido o no amamantados, el peso al nacimiento o el número de horas delante de una televisión o de cualquier pantalla, la clase social y el nivel educativo de las madres.

La exposición a un ambiente verde en el lugar de residencia se asoció de forma significativa a una menor tasa de errores de omisión y a un tiempo de respuesta más corta, que podría interpretarse como una mayor capacidad de atención dirigida en ese grupo de niños. Los resultados son más positivos cuando se evaluaba la presencia de áreas verdes cercanas al domicilio que cuando se evaluaba la cubierta vegetal (presencia de árboles).

Los seres humanos tienen unos lazos evolutivos importantes con la naturaleza. Y así, el contacto con la naturaleza se asocia a un mejor desarrollo cerebral en los niños, en especial, favorece la atención. La capacidad de asombro es una propiedad del ser humano que promociona el desarrollo de aptitudes y habilidades. Y la naturaleza es una fuente inagotable –aunque no la única- de asombro. Fomentar la creación de espacios verdes en los entornos urbanos, el acercamiento de los niños a la naturaleza, las actividades al aire libre –sobre todo el juego- son elementos clave para conseguir no sólo niños más inteligentes sino probablemente más felices.

 

Dr. José Manuel Moreno Villares

Servicio de Pediatría. Clínica Universidad de Navarra. Madrid