Escrito por: | 15/10/2017|

El pasado mes de junio, publicaba el BOE la normativa para acceder a las ayudas del Plan de Impulso a la Movilidad con Vehículos de Energías Alternativas, denominado comúnmente por sus siglas  (plan MOVEA). Se trata de una medida para fomentar la adquisición de vehículos de combustibles alternativos (vehículos eléctricos, de gas licuado del petróleo (GLP/Autogás), de gas natural comprimido (GNC) y licuado (GNL), vehículos que se propulsen con pila de combustible de hidrógeno, y motos eléctricas. Se excluían de las ayudas los vehículos de combustibles tradicionales propulsados por gasolina y gasóleo. Se incluía también subvenciones para la instalación de puntos de recarga para vehículos eléctricos en zonas de acceso público. El plan se subvenciona con un total de 14,26 millones de euros, muy lejos de las ayudas que otros países de nuestro entorno dedican al fomento de los vehículos alternativos: por ejemplo, muy lejos de los 340 millones de euros que dedicó Francia a la misma finalidad (más de 20 veces superior, cuando la población o el PIB de Francia no duplican los españoles).

El balance del plan subraya la cortedad de miras del gobierno en este punto, ya que las ayudas se agotaron en poco más de 24 horas. Aunque el decretó se publicó el 16 de junio, los trámites para la aplicación de las mismas sólo se abrieron en agosto, acumulándose los pedidos en los concesionarios, con lo que la apertura del portal MOVEA el 3 de agosto supuso casi simultáneamente su cierre ante la avalancha de peticiones. El plan subvencionaba hasta con 5500 euros la adquisición de un coche eléctrico completo, y hasta 2500 para híbridos enchufables y vehículos propulsados por gas natural, siempre que su precio no superara los 35.000 euros.

La mayor parte de los expertos del sector han criticado la falta de ambición del plan, en un país que –pese a la crisis económica- todavía se encuentra lejos de cumplir con sus compromisos de emisiones (desde Kyoto a Paris). El procedimiento para conseguir las ayudas también ha sido criticado, ya que requiere cumplimentar una documentación que burocratiza el proceso (certificados de cuentas bancarias, de la Seguridad Social y de Hacienda, factura de la instalación de punto de recarga, etc.). Muchos nos preguntamos si no hay procedimientos más sencillos para subvencionar los vehículos de bajas emisiones. Desde luego, parece mucho más razonable bajar o incluso suprimir el IVA de estos coches, si se quiere con un límite de coste para evitar subvencionar los coches de lujo.

Emisiones por tipo de vehículo (fuente Renault)

Son muchas las ventajas de un coche eléctrico, no sólo para quienes lo conducimos, sino también para los ciudadanos de a pie, ya que evitan ruidos y reducen notablemente la contaminación atmosférica. Precisamente escribo este comentario en un día de restricciones al tráfico en Madrid, cuando se evidencia el interés de reducir drásticamente las emisiones de los vehículos urbanos. Algunos dirán que las emisiones no son directas, pero siguen manteniéndose teniendo en cuenta el mix energético español, en donde los combustibles fósiles siguen teniendo un peso notable en la generación de energía eléctrica. La respuesta es muy sencilla: además de menores emisiones directas, la energía eléctrica no tiene por qué ligarse a los combustibles fósiles, ya que tenemos otras fuentes de producirla con emisiones virtualmente inexistentes (energías renovables y nuclear).  Además del CO2, no hay que olvidar que los coches, emiten una cantidad significativa de partículas sólidas y dióxidos de nitrógeno (precursores del ozono troposférico) ambas dañinas para la salud humana.  Por ejemplo los diésel antiguos emiten 1,3 veces más CO2, 10 veces mas NOx y 70 veces más partículas que los de gasolina sin plomo, mientras los cifras para los más modernos con filtros especiales tiene menos emisiones en CO2 y partículas que los de gasolina, pero todavía 5 veces más  NOx. Obviamente los eléctricos no emiten ninguno de estos componentes a la atmósfera, por lo que parece razonable promoverlos mucho más activamente. No sólo es una cuestión de sensibilidad ambiental, sino también de salud y de ayudar al cumplimiento de nuestros acuerdos internacionales.