Escrito por: | 05/09/2017|

El próximo 8 de noviembre, se cumplirá el V Centenario del fallecimiento de uno de los grandes impulsores de la cultura española: el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros. Su papel como confesor real de Isabel I y, después, como regente de Castilla,  lo sitúan como uno de los hombres más influyentes en el tránsito del siglo XV al XVI y, por tanto, en la consolidación del Estado moderno en España.

Quiero fijarme ahora en algo que se refiere a América. Cisneros fue el primer personaje de la corte en entrevistarse con el conocido y polémico Bartolomé de las Casas, tras un encuentro inicial del fraile con el rey Fernando, cuando este estaba ya en su lecho de muerte.

Fieles a su decisión de convertir a los habitantes de las Indias en vasallos libres de la corona castellana, los Reyes Católicos desde el primer momento legislaron a favor del indio. Pero no es menos cierto que las autoridades locales, y muchos de los encomenderos, daban más importancia a sus intereses  personales que a las indicaciones de la Monarquía. Y las Indias estaban muy lejanas…

A la vez que muchos se saltaban la ley, en la propia América, otros clamaban por su cumplimiento. Y entre estos, hay que destacar el papel de los misioneros, de manera especial –aunque no única- de los dominicos. De hecho, Bartolomé de las Casas comenzó su lucha infatigable en defensa de los indios de América motivado por las actuaciones de la comunidad dominica de la Española, liderada por el injustamente olvidado Fray Pedro de Córdoba.

Ya los dominicos habían denunciado la falta de cumplimiento de las primeras leyes sobre el trato a los indígenas. Estas protestas llegaron a la Corte y encontraron respuesta por parte del regente Fernando, en forma de nuevo cuerpo legislativos: las Leyes de Burgos y Valladolid, de 1512 y 1513..

Pero no era suficiente para aplacar las ansias de oro y poder de algunos de los colonos. Por eso, surge una nueva figura, la de Bartolomé de las Casas, entonces sacerdote y que acabaría recibiendo el  hábito dominico en 1522. Incansable, hasta el final de su vida, denunciará en la corte los abusos e injusticias -a veces exagerándolas- cometidos contra los vasallos indianos.

En 1515 Las Casas llega a España, buscando un encuentro con el regente de Castilla, Fernando. La entrevista tiene lugar el 23 de diciembre de 1515, y el rey, cercano ya a su muerte, se adormila mientras el sacerdote le expone sus quejas. Quedan emplazados a una segunda entrevista, que nos e llegó a producir por el fallecimiento del monarca.

Es entonces cuando Cisneros entabla contacto con el padre las Casas.  El 8 de marzo de 1516, se presenta el sacerdote ante los Cardenales Cisneros y Adriano,  para quienes prepara dos “Memoriales de Agravios”, en castellano y en latín. En resumen, lo que expone Las Casas es que el origen de todas las injusticias que se están cometiendo en las Indias, es la institución de la encomienda, y solo acabar con ella resolvería el problema. Igualmente censura las guerras de conquista, que considera origen ilícito de la soberanía hispánica en el Nuevo Mundo. Después de este primer memorial, Las Casas entrega  otro Memorial del Remedios[1], con sus propuestas para mejorar la situación de los habitantes originarios de América.  El primero de estos remedios, obviamente, era la supresión de las encomiendas. Junto a esto, se apostaba por enviar a las comunidades indígenas familias españolas, que se repartirían con los indios el trabajo y los beneficios obtenidos del mismo, nombrar una autoridad que velara específicamente por el cumplimiento de la libertad indígena, evitar que hubiera desplazamientos forzosos para trabajar, etc. Un llamativo remedio propuesto por las Casas, era el establecimiento de la Inquisición en América, para proteger la fe de los recién incorporados a la Iglesia.

Cisneros pidió a Las Casas que expusiera  el problema ante un grupo de expertos, compuesto por Adriano, Palacios Rubios, licenciado Zapata, el obispo de Ávila… A continuación, encargó  a la Casas que escribiera con Palacios Rubios todo lo que estaba sucediendo en las Indias. Este memorial fechado en abril de 1516, será redactado por las Casas y firmado por Palacios Rubio y Fray Antonio de Montesinos, fraile dominico pionero en la defensa de la libertad de los indígenas.

 El Cardenal, sobre la base de los Memoriales de las Casas, redacta unas Instrucciones buscando mejorar la situación de los pobladores indígenas. Y debe buscar a alguien para llevarlas a cabo, puesto que las autoridades nombradas (comenzando por el gobernador de La Española, Diego Colón), no están sometiéndose a las leyes dictadas por la corona en lo que se refiere al trato con los indios. Toma entonces Cisneros una decisión que el tiempo demostraría equivocada

En su afán por encargar las reformas a quienes no tuvieran todavía intereses creados en América, decide encomendarlo a tres monjes jerónimos. Esta orden estaba muy vinculada  a la Corona, y aparentemente eran idóneos para el cargo. Pero los hechos desmintieron esta creencia, y la buena intención de Cisneros en lo que se llamó la “reforma lascasiana” apenas tuvo éxito. Los monjes enviados no estuvieron a la altura de las circunstancias, y pronto, influidos por los colonos, se distanciaron de Las Casas, que debía supervisar su actuación.

Según el clérigo, Cisneros le había nombrado el 17 de septiembre de 1516 “procurador y protector universal de todos los indios de las Indias”, con un salario de cien pesos de oro cada año. No tenemos ninguna fuente que confirme esta afirmación de las Casas,  aunque lo cierto es que con el tiempo se iría perfilando una figura esencial en América: la del protector de indios,  una muestra más de la permanente preocupación de la Corona por la situación de sus súbditos indianos.

Las Casas, desilusionado, decidió regresar a España para dar cuenta a Cisneros del fracaso de la misión de los jerónimos.   Salió de la Española en mayo de 1517. Llegó a Aranda de Duero, donde estaba el cardenal ya muy enfermo; solo pudo dolerse  de lo que pasaba, pero no tuvo tiempo de poner remedio pues murió  pronto.

Señala el historiador Joseph Pérez[2] que Cisneros pudo cambiar el curso de la historia. Su error fue confiar en los jerónimos, que no tenían capacidad ni preparación para acometer los necesarios cambios. Quizá los únicos preparados por formación intelectual y fortaleza para actuar) para aquella reforma eran los dominicos. Así pues, pese a su gran capacidad como estadista, y al interés pro mejorar la situación de los pueblos indígenas, en total sintonía con los deseos de la Corona, el Cardenal regente no pudo ver los frutos de su actividad indigenista.

Un libro imprescindible en el año del V Centenario del Cardenal Cisneros: Cisneros, el Cardenal de España

 

 

 

 

 

 

 

 

Por si quieres saber más sobre el tema:

María Saavedra Inaraja

[1]  Archivo General de Indias, Patronato, nº 2, ramo 5.

[2] Pérez, Joseph: Cisneros, el Cardenal de España, p. 176.