Escrito por: | 21/08/2017|

El papel del padre –“father”- en el desarrollo conductual de los niños

Acabo de leer este verano un ensayo, “El colapso de la autoridad”. Cómo no abdicar ante la dictadura de las redes y de la presión social, del doctor Leonard Sax, publicado en Palabra, este año 2017 que me ha parecido de gran interés para los que, de alguna manera, tratamos con niños –y sus padres-. También, desde el punto de vista médico, como es mi caso, siendo pediatra. El punto clave de este sencillo ensayo, fruto de muchos años de experiencia con niños, padres y profesores, es la transferencia de la autoridad de los padres a los propios hijos y a sus entornos sociales –sus pares, las redes sociales, las series de televisión, los canales de Youtube, etc.-. Padres desorientados, hijos desnortados. El resultado medible: más obesidad infantil mayor número de niños y jóvenes con tratamientos psiquiátricos, niños más frágiles y, si somos atrevidos, probablemente niño –y, por tanto, padres- más infelices. Aunque la “felicidad” no sea un término cómodo cuando lo menciona un profesional de la salud.

Me ha servido para conectar con dos artículos de revistas médicas, cuyo título en su momento me había llamado la atención, pero que el peso de la rutina los había destinado a lugar más profundo del montón por leer. Buen momento para leerlos y comentarlos.

El primero de ellos se refiere a la existencia de vínculos entre el chimpancé macho y su descendencia. Tradicionalmente se había afirmado que en las especias con una copulación promiscua no existía ninguna relación –ni reconocimiento- especial entre el padre y su descendencia. Sin embargo, estudios recientes en distintas especies de primates apuntan a que los machos de algunas de estas especies pueden reconocer a sus hijos y tener una relación más estrecha que con otros no emparentados. Murray y cols, del Departamento de Antropología de la Universidad de Washington, estudiaron el comportamiento de una población de chimpancés salvajes, del Parque Nacional Gombe, en Tanzania, entre 1989 y 2013. El estudio, publicado en la Revista de la Royal Society en 2016 ( Murray CM, Stanton MA, Lansdorf EV, Wroblewski EE, Pussey AE. 2016. Chimpanzee fathers bias their behaviour towards their offspring. R. Soc. open sci. 2: 160441. http://dx.doi.org/10.1098/rsos.160441), demuestra que los padres permanecen más tiempo con sus hijos que con los no emparentados, especialmente en los primeros 18 meses de vida, cuando el riesgo de infanticidio en estas poblaciones es más elevado. Y además, se evidenció que el tiempo de interacción era superior al esperado. Esta relación con su propia descendencia era independiente de la búsqueda de tener mayores oportunidades de copular con la madre de sus hijos. Esa relación tanto con la madre como con su descendencia desaparece alrededor de los 18 meses y parecería conferir un cierto efecto protector.

Aunque los autores dejan abiertas muchas puertas a la investigación-por ejemplo, como se reconocen  padres e hijos entre sí, este estudio es el primero en mostrar datos robustos sobre el cuidado paternal de los chimpacés. Algunos investigadores sugieren que el cuidador paternal es una de las hipótesis que explicarían la transición desde la promiscuidad a la monogamia social.

El segundo artículo, recoge datos del seguimiento de una cohorte amplia de niños (inicialmente 14.701) nacidos en el condado de Avon, en el sudeste de Inglaterra, dentro del estudio ALSPAC (Avon Longitudinal Study of Parents and Children), p ublicado en la revista British Medical Journal el pasado año (Opondo C, redshaw M, Savage-McGlynn E, et al. Father involvement in early child-rearing and behavioural outcomes in their pre-adolescent children: evidence from the ALSPAC UK birth cohort, BMJ Open 2016; 6:e012034. Doi:10.1136/bmjopen-2016-012034). Los datos del trabajo actual recogen los resultados  a los 9  y a los 11 años (n=6.328 niños).

El fundamento del estudio es la importancia que tiene la crianza (“parenting”) de los niños en sus primeros años sobre su bienestar a corto, medio y largo plazo, incluyendo su salud psíquica, su desempeño social y sus resultados educativos. Los resultados se valoraron mediante cuestionarios que cumplimentaron las madres (sobre el comportamiento de los niños o los padres (sobre su involucramiento en el cuidado de los niños y en las tareas del hogar). Los ítems que más peso obtuvieron en relación a variables positivas en los niños fueron: la respuesta emocional de los padres cuando eran bebés y a su propio papel de padres, su nivel de compromiso en las actividades domésticas y en el cuidado de los niños y la confianza de los padres en su papel de padre y pareja. El riesgo de problemas conductuales a los 9 y a los 11 años era un 14% y un 11% inferior, respectivamente, por cada aumento de unidad en las puntuaciones de los factores señalados más arriba. No se encontraron diferencias de resultados entre niños y niñas.

Los autores concluyen que los hijos de padres que tienen respuestas emocionales positivas a la paternidad y un sentido de confianza en su papel de padre y de pareja en los primeros años de vida tienen menos posibilidades de desarrollar problemas de conducta a los 9 y 11 años.

Hemos subestimado el papel del padre (varón) en relación al cuidado de los niños, en especial en las primeras etapas de la vida. Tanto en la esfera del mundo animal como en el ser humano la presencia del padre es un factor favorecedor para la descendencia. Es probable que, frente a posturas que con gran carga ideológica, pretenden desmontar la figura del progenitor varón (padre), acudamos a los hechos científicos que no hacen sino señalar en la misma dirección que el sentido común apunta: en la tarea educacional –y de supervivencia- el mejor escenario posible es el de tener una madre y un padre comprometidos entre sí y con su descendencia.